Madame Bovary
Madame Bovary Pasado el corral de la granja habÃa un cuerpo de edificio que debÃa de ser el palacio. Ella entró como si las paredes, al acercarse ella, se hubieran separado por sà solas. Una gran escalera recta subÃa hacia el corredor. Emma giró el pestillo de una puerta, y de pronto, en el fondo de la habitación, vio a un hombre que dormÃa. Era Rodolfo. Ella lanzó un grito.
—¡Tú aquÃ! ¡Tú aquÃ! —repetÃa él—. ¿Cómo has hecho para venir?… ¡Ah!, ¡tu vestido está mojado!
—¡Te quiero! —respondió ella pasándole los brazos alrededor del cuello.
Como esta primera audacia le habÃa salido bien, ahora cada vez que Carlos salÃa temprano, Emma se vestÃa deprisa y bajaba de puntillas la escalera que llevaba hasta la orilla del agua.