Madame Bovary
Madame Bovary El señor León, mientras estudiaba Derecho, había frecuentado bastante la «Chaumière», donde llegó a obtener muy buenos éxitos con las modistillas, que le encontraban «un aire distinguido». Era el más decente de los estudiantes: no llevaba el pelo ni muy largo ni demasiado corto, no se gastaba el primero de mes el dinero de su trimestre, y mantenía buenas relaciones con sus profesores. En cuanto a hacer excesos, siempre se había abstenido, tanto por pusilanimidad como por delicadeza.
A menudo, cuando se quedaba leyendo en su habitación, o bien sentado por la tarde bajo los tilos del Luxemburgo dejaba caer el Código en el suelo, y le asaltaba el recuerdo de Emma. Pero poco a poco este sentimiento se debilitó, y otras ansias se acumularon encima, aunque persistía, a pesar de todo, a través de ellas, pues León no perdía las esperanzas y había para él como una promesa incierta que se hacía en el porvenir, como una fruta dorada colgada de algún follaje fantástico.
