Madame Bovary
Madame Bovary Pero el jardinero que tenÃan no entendÃa nada de flores; ¡tenÃan tan mal servicio! A ella le habrÃa gustado, aunque sólo fuera en invierno, vivir en la ciudad, por más que los dÃas largos de buen tiempo hiciesen tal vez más aburrido el campo en verano y según lo que decÃa, su voz era clara, aguda, o, languideciendo de repente, arrastraba unas modulaciones que acababan casi en murmullos, cuando se hablaba a sà misma, ya alegre, abriendo unos ojos ingenuos, o ya entornando los párpados, con la mirada anegada de aburrimiento y el pensamiento errante.