Tres Cuentos
Tres Cuentos Se fue a pedir limosna por el mundo.
Tendía la mano a los caballeros en los caminos, haciendo genuflexiones se acercaba a los segadores, o permanecía inmóvil ante la palanquera de los patios, y tenía el rostro tan triste que nunca le negaban la limosna.
Por espíritu de humildad relataba su historia, y todos huían de él, haciendo la señal de la cruz. En las aldeas por donde había pasado ya, tan pronto como lo reconocían cerraban las puertas, le gritaban amenazas y le arrojaban piedras. Los más caritativos ponían una escudilla en el borde de la ventana y luego cerraban la persiana para no verlo.
Rechazado en todas partes, evitaba a los hombres, y se alimentaba con raíces, plantas, frutos caídos y mariscos que buscaba en las playas. A veces, al llegar a lo alto de un cerro, veía abajo una confusión de tejados amontonados, con campanarios de piedra, puentes, torres, calles oscuras que se entrecruzaban, y de allí ascendía hasta él un zumbido continuo.
