Tres Cuentos
Tres Cuentos La ciudadela de Machaerus se alzaba al oriente del Mar Muerto, en un picacho de basalto en forma de cono. Cuatro valles profundos la rodeaban, dos en los costados, otro enfrente y el cuarto detrás. Las casas se amontonaban en su base, dentro del cerco de un muro que ondulaba siguiendo las desigualdades del terreno; y por un camino en zigzag tallado en la roca la ciudad se unía a la fortaleza, cuyas murallas tenían ciento veinte codos de altura, con numerosos ángulos, almenas en los bordes y de trecho en trecho torres que eran como llorones de aquella corona de piedra suspendida sobre el abismo.
Dentro había un palacio adornado con pórticos y cubierto por una azotea cerrada por una balaustrada de madera de sicómoro y en la que se alzaban unos mástiles dispuestos para tender un toldo.
Una mañana, antes de que amaneciera, el tetrarca Herodes Antipas fue a acodarse en la balaustrada y a observar.
