Tres Cuentos
Tres Cuentos Las murallas estaban cubiertas de gente cuando Vitelio entró en el palacio. Se apoyaba en el brazo de su intérprete y le seguía una gran litera roja adornada con penachos y espejos. Vestía la toga, el laticlavo de senador y los borceguíes de cónsul, y lo rodeaban los lictores.
Colocaron contra la puerta sus doce fasces, o sea varas atadas con una correa con un hacha en medio. Y todos se estremecieron ante la majestad del pueblo romano.
La litera, que conducían ocho hombres, se detuvo, y de ella salió un adolescente panzudo, de rostro granujiento y con los dedos cubiertos de perlas. Le ofrecieron una copa llena de vino y de aromas. La bebió y pidió otra.
