Tres Cuentos
Tres Cuentos Los invitados llenaban la sala del festín.
Tenía tres naves, como una basílica, separadas por columnas de madera de algunimium, con capiteles de bronce cubiertos de esculturas. Dos galerías con hileras de ventanas se apoyaban en ellas, y una tercera con filigrana de oro se encorvaba en el fondo, frente a un enorme arco de bóveda que se abría en el otro extremo.
Había candelabros encendidos en las mesas alineadas en toda la longitud de las naves, y formaban como matorrales de fuego entre las copas de loza pintada, los platos de cobre, los cubos de nieve y los racimos de uvas; pero esas claridades rojizas se iban perdiendo poco a poco a causa de la é altura del techo, y a través de las ramas brillaban puntos luminosos que parecían estrellas. Por la abertura de la gran puerta se veían antorchas en las azoteas de las casas, pues Antipas festejaba a sus amigos, a su pueblo y a todos los que se presentaran.
Esclavos vigilantes como perros y calzados con sandalias de fieltro iban de un lado a otro conduciendo bandejas.
La mesa proconsular ocupaba, bajo la tribuna dorada, un estrado de tablas de sicómoro. Tapices de Babilonia formaban a su alrededor una especie de pabellón.
