Autobiografia - Contra Apion
Autobiografia - Contra Apion Desde el principio, no sólo encomendaron 7 30esta labor a los mejores y a los que estaban dedicados al culto de Dios, sino que tomaron precauciones para que la casta de los sacerdotes se mantuviera pura y sin mezcla. Pues quien participa del sacerdocio, 31para procrear debe unirse a una mujer de la misma raza y, sin considerar la fortuna ni las demás distinciones, investigar sobre su familia, consultando en los archivos la genealogía 32de sus padres y presentando numerosos testigos[13]. Y esto no lo hacemos sólo en Judea, sino que, en cualquier parte donde se encuentre un grupo de nuestra raza, esta regla sobre los matrimonios es observada rigurosamente por los sacerdotes. 33Me refiero a los que están en Egipto, en Babilonia o en cualquier otra parte del mundo donde puedan hallarse dispersos algunos de la casta de los sacerdotes; envían a Jerusalén una relación con el nombre de la familia paterna de su mujer, los de sus antepasados y quiénes son los que lo 34testifican. Si se produce una guerra —como ya ha ocurrido muchas veces cuando invadieron el país Antíoco Epífanes, Pompeyo el Grande y Quintilio Varo[14], y sobre todo en 35nuestros días— los sacerdotes supervivientes redactan nuevos libros a partir de los archivos y verifican la situación de las mujeres que quedan. No aceptan a las que han estado prisioneras, sospechando, como ha ocurrido muchas veces, que 36han tenido relaciones con un extranjero[15]. La mayor prueba de su rigor es que nuestros sumos sacerdotes desde hace dos mil años son nombrados en los registros de padres a hijos[16]. A los que transgreden de alguna manera las normas mencionadas, se les prohíbe acercarse al altar y participar en cualquier ceremonia religiosa.