Indias blancas
Indias blancas Los dÃas se convertÃan en noches, y las noches en un baile de incertidumbres entre Laura y Nahueltruz. Bajo el resguardo de las sombras del bosque, ella aprendÃa lo que significaba moverse entre dos mundos que no dejaban espacio para la duda. Nahueltruz era un maestro duro; su paciencia, limitada. Pero habÃa algo en la determinación de Laura que lo obligaba a seguir adelante, aunque cada enseñanza lo acercara más al borde de un peligro invisible.
—Corta las ramas más delgadas —indicó Nahueltruz mientras señalaba un arbusto bajo y enredado. Laura, jadeando por el esfuerzo de arrastrar un manojo de madera seca, lo miró con exasperación.
—¿No hay otra forma más fácil? —preguntó ella, con el sudor perlándole la frente.
Nahueltruz se cruzó de brazos, su mirada implacable. —En este lugar, lo fácil no existe. O aprendes a adaptarte, o el bosque te consume.
Laura no respondió, pero su orgullo la empujó a tomar el cuchillo y seguir cortando. Mientras lo hacÃa, sintió la presencia constante de Nahueltruz detrás de ella, observándola. No era solo una vigilancia por su seguridad; era una lucha interna en él, un conflicto que no podÃa resolver.
