Amor redentor
Amor redentor El aire era denso, cargado de una calma engañosa después de la confrontación con Duke. Ángela y Miguel sabían que el hombre no se detendría, pero el refugio que habían construido juntos parecía lo único que les protegía de la tormenta que se avecinaba. Cada día, Miguel insistía en que ella podía empezar de nuevo, pero el peso de su pasado seguía siendo una carga que Ángela no sabía cómo soltar.
—No entiendo por qué me ayudas, Miguel —le dijo una noche mientras compartían una cena modesta. Miguel dejó su tenedor a un lado y la miró con esa mezcla de compasión y determinación que siempre la desarmaba. —Porque veo algo en ti, Ángela. Algo que tú misma aún no ves.
Sus palabras la llenaron de una mezcla de esperanza y miedo. Quería creerle, pero la voz de Duke resonaba en su mente, recordándole quién era y de dónde venía. El refugio que Miguel ofrecía era como un espejismo: hermoso, pero frágil.
Las noches se tornaron más tensas. Miguel comenzó a notar la inquietud en Ángela, su forma de mirar por la ventana o de tensarse con cada ruido. —¿Qué pasa, Ángela? —le preguntó una noche. Ella evitó su mirada. —Es Duke. Él no se detendrá. Y no quiero que te lastime por mi culpa.
