El mesías de Duna
El mesías de Duna El peso de estas visiones amenaza con devorar su mente. Sabe que los sueños proféticos no son solo una advertencia sino una manifestación de los futuros posibles que se avecinan. ¿Qué significa esa sombra? ¿Qué precio debe pagar por el poder que ha tomado? Día tras día, Paul ve a Chani ante él, perdida entre los pliegues de un destino que parece escrito en la arena.
Entonces, como una respuesta cruel a sus visiones, llega Scytale, un Maestro Tleilaxu. Su presencia emana una calma calculada y una intención difícil de desentrañar. A los ojos de los demás, este visitante es un simple emisario de los Tleilaxu, pero para Paul, Scytale es mucho más. Representa el eco de esas sombras que lo asfixian en sus sueños, el recordatorio de un oscuro poder que acecha más allá de su control. Como un depredador acechante, Scytale observa a Paul, estudia sus gestos, espera el momento adecuado para hacer su movimiento.
“Traemos un presente para el emperador”, anuncia Scytale con voz afilada y serena. Sus palabras caen con una frialdad que oculta las verdaderas intenciones detrás del "regalo". Paul observa el obsequio que los Tleilaxu han traído, y su corazón se estremece. Es Duncan Idaho, su fiel amigo y guerrero de confianza, alguien que murió tiempo atrás para salvarlo. Pero este no es el mismo Duncan. Es un ghola, una recreación de carne y recuerdos, un cuerpo vivo construido sobre un cimiento de muerte.
