El recluso
El recluso Y en su dedo, haciendo girar con calma entre sus nudillos, sostiene algo que la deja sin aliento.
Una llave.
Brooke siente el mundo desmoronarse. Esa es la llave de su apartamento.
Carter no deberÃa tenerla. No hay forma. Pero ahà está.
Su control sobre la situación se quiebra en mil pedazos.
No hay escapatoria.
Brooke no puede respirar. La llave. Pequeña, brillante, girando entre los dedos de Wesley Carter como un trofeo.
Él la observa, sus ojos oscuros fijos en su rostro, disfrutando de su reacción.
—Bonita, ¿verdad? —susurra detrás de los barrotes—. No te preocupes, te la devolveré cuando nos veamos en casa.
Brooke retrocede un paso. No. No puede ser real.
—¿Cómo…? —Su voz muere en su garganta.
Carter sonrÃe. Una sonrisa lenta, calculada.
—Yo no hago preguntas, enfermera. Solo disfruto de las respuestas.
Antes de que pueda moverse, la puerta de la enfermerÃa se abre y un guardia entra. Carter desliza la llave en su bolsillo sin que nadie lo note.
