El recluso
El recluso Él está sentado en su litera, con la cabeza inclinada, como si supiera que ella vendrÃa. Cuando levanta la vista, una sonrisa lenta se dibuja en su rostro.
—Hola, enfermera.
Brooke aprieta los barrotes con los dedos helados.
—¿Cómo lo hiciste?
Carter ladea la cabeza.
—¿Hacer qué?
—Sabes de qué hablo —su voz es apenas un hilo de aire—. La nota. Mi llave. Mi credencial en tu celda.
Él suelta una risa suave.
—Creo que me das demasiado crédito.
Brooke siente la ira hervir en su interior.
—Alguien me está tendiendo una trampa.
—¿Y por qué piensas que soy yo? —Carter se levanta, acercándose a los barrotes—. Tal vez el monstruo no está en la celda, enfermera. Tal vez está mucho más cerca de lo que crees.
Brooke retrocede.
Las palabras resuenan en su mente. Algo no encaja.
Su mirada se desliza por la celda. Los barrotes, el suelo, el lavabo… Y entonces lo ve.
Un segundo catre.
Carter tiene un compañero de celda.