El secreto de la asistenta (La asistenta 2)
El secreto de la asistenta (La asistenta 2) Al día siguiente, mientras limpiaba el ático, encontró algo que cambió todo. Escondido en un cajón del escritorio de Douglas, halló un sobre lleno de fotografías de la señora Garrick. En algunas, su rostro estaba hinchado y cubierto de moretones; en otras, las imágenes capturaban momentos de lo que parecía ser un forcejeo violento. Pero lo que la dejó helada fue una nota escrita a mano: Si alguien lo descubre, ambos pagaremos el precio.
Douglas no solo era un hombre controlador; era algo mucho peor.
Millie entendió entonces que no solo debía salvar a la señora Garrick, sino también a sí misma. Pero en ese ático, rodeada de secretos, cada puerta que abría parecía cerrarle otra salida.
Millie sabía que su tiempo se agotaba. La tensión en el ático era insoportable. Douglas se volvía cada vez más controlador, apareciendo sin previo aviso mientras limpiaba o haciéndole preguntas que parecían inofensivas pero que, tras analizarlas, llevaban veneno oculto.
Una noche, mientras Douglas salía para una reunión que dijo sería “larga”, Millie tomó su oportunidad. Se dirigió al ático con una linterna y un plan. La habitación de invitados era su objetivo, pero esta vez no iba a entrar con vacilación; necesitaba respuestas y las necesitaba ya.
