La asistenta
La asistenta Es un santuario de perversión, de control. Fotografías de las mujeres anteriores. Recortes. Grabaciones. Diarios.
Todo lo que Andrew ha hecho. Todo lo que Nina ha encubierto.
Millie ya no es una empleada.
Es una testigo.
Y está a punto de convertirse en algo más peligroso:
Una vengadora.
La rabia no grita. Susurra. Y Millie empieza a susurrar en todas partes: a Enzo con gestos, a Cecelia con miradas, a sí misma con promesas.
No será la siguiente Wendy. No terminará en una institución, ni en una tumba sin nombre.
Millie elabora un plan con la precisión de una mente que ha sobrevivido a la cárcel: fingirá. Sonreirá. Limpiará como si nada. Jugará su papel de muñeca dócil mientras por dentro afila cuchillas invisibles.
Primero: gana tiempo. Le dice a Nina que ha conseguido una receta para calmar su ansiedad. Un somnífero natural. Le ofrece preparar el té. Nina acepta, encantada por esa “atención dulce”.
