Tras la puerta
Tras la puerta Desde ese día, Nora ha tallado una nueva identidad. Cambió su apellido. Nunca volvió a hablar con él. Rehuyó la fama macabra que le ofrecía ser la hija de un monstruo. Pero cada semana llega una carta del penitenciario. Ella no las abre. Solo las rompe y las tira. Cada semana. Como un ritual.
Una noche, el pasado la alcanza. Está en Christopher’s, un bar discreto donde nadie la molesta. Hasta esa noche.
—¿Todo bien, Doc? —pregunta el barman nuevo.
Nora, molesta por su insistencia, apenas responde. Pero entonces alguien más la interrumpe. Un paciente. Henry Callahan. La reconoce, la felicita por haberle salvado la vida… y no se va. Le compra una copa. La incomoda. Y cuando Nora intenta irse, él se ofrece a acompañarla. Ella rechaza. Él insiste.
—Vamos, doctora Davis… Nora. Una mujer guapa como tú no debería estar sola en un bar.
—Estoy bien, muchas gracias.
—Piénsatelo bien. Lo pasarías bien conmigo.
—Lo dudo mucho.
Callahan se va, pero no desaparece. Cuando Nora conduce de regreso a casa, un auto la sigue. Se escabulle en la comisaría local, pero su inquietud no cede. Y cuando está en su cocina, una puerta golpea. Corre. Abre. No es un asesino. Es una gata callejera que viene por comida.