El porvenir de una ilusión
El porvenir de una ilusión Pero el hecho de aspirar a una supresión de la cultura testimoniarÃa de una ingratitud manifiesta y de una acusada miopÃa espiritual. Suprimida la civilización, lo que queda es el estado de naturaleza, mucho más difÃcil de soportar. Desde luego, la Naturaleza no impone la menor limitación a nuestros instintos y nos deja obrar con plena libertad; pero, en último término, posee también su modo especial de limitarnos: nos suprime, a nuestro juicio, con frÃa crueldad, y preferentemente con ocasión de nuestras satisfacciones. Precisamente estos peligros, con los que nos amenaza la Naturaleza, son los que nos han llevado a unirnos y a crear la civilización que, entre otras cosas, ha de hacer posible la vida en común. La función capital de la cultura, su verdadera razón de ser, es defendernos contra la Naturaleza.