La interpretación de los sueños
La interpretación de los sueños Hemos de deducir, por tanto, que el sueño muestra con frecuencia una máxima sensatez allà donde más disparatado parece. En todos los tiempos han gustado de disfrazarse con los atributos de la locura aquellos que tenÃan algo que decir y no podÃan decirlo sin peligro. Aquel a quien se referÃan las palabras prohibidas, las toleraba mejor cuando podÃa reÃr al oÃrlas y mitigar su escozor con el pensamiento de que el atrevido crÃtico gozaba fama de loco. Del mismo modo que el sueño, procede en el drama de Shakespeare el desdichado prÃncipe que se ve forzado a fingir la demencia y siendo asÃ, podemos decir de él lo que, sustituyendo las circunstancias verdaderas por otras chistosamente incomprensibles, dice Hamlet de sà mismo: «No estoy loco sino cuando sopla el Nordeste; cuando sopla el Sur distingo perfectamente una garza de un halcón».
AsÃ, pues, hemos resuelto el problema de la absurdidad de los sueños descubriendo que las ideas latentes de los mismos no son nunca absurdas -por lo menos las de los sueños de personas psÃquicamente sanas- y comprobando que la elaboración onÃrica produce sueños absurdos o con algunos elementos de este género cuando encuentra en las ideas latentes elementos que entrañan crÃtica, insulto o burla y tiene que representarlos en su peculiar forma expresiva.