Lo inconsciente

Lo inconsciente

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Pero la situación es, aquí, completamente distinta. Puede suceder, en primer lugar, que un afecto o sentimiento sea percibido, pero erróneamente interpretado. Por la represión de su verdadera representación, se ha visto obligado a enlazarse a otra idea, y es considerado, entonces, por la conciencia, como una manifestación de esta última. Cuando reconstituimos el verdadero enlace, calificamos de «inconsciente» el impulso afectivo primitivo, aunque su afecto no fue nunca inconsciente y sólo su representación sucumbió al proceso represivo. El uso de las expresiones «afecto inconsciente» y «emoción inconsciente», se refiere, en general, a los destinos que la represión impone al factor cuantitativo del impulso instintivo. (Véase nuestro estudio de la represión). Sabemos que tales testimonios son en número de tres: el afecto puede perdurar total o fragmentariamente como tal; puede experimentar una transformación en otro montante de afecto, cualitativamente distinto, sobre todo en angustia, o puede ser reprimido, esto es, coartado en su desarrollo. (Estas posibilidades pueden estudiarse más fácilmente quizá, en la elaboración onírica, que en las neurosis). Sabemos también, que la coerción del desarrollo de afecto es el verdadero fin de la represión, y que su labor queda incompleta cuando dicho fin no es alcanzado. Siempre que la represión consigue impedir el desarrollo de afecto, llamamos inconscientes a todos aquellos afectos que reintegramos a su lugar al deshacer la labor represiva. Así, pues, no puede acusársenos de inconsecuentes en nuestro modo de expresarnos. De todas maneras, al establecer un paralelo con las ideas inconscientes surge la importante diferencia de que dichas ideas perduran después de la represión en calidad de producto real en el sistema Inc., mientras que todo aquello que corresponde en este sistema (Inc.) a afectos inconscientes es un comienzo potencial cuyo desarrollo está impedido. Así, pues, aunque nuestra forma de expresión sea irreprochable, no hay, estrictamente hablando, afectos inconscientes como hay representaciones inconscientes. En cambio, puede haber muy bien en el sistema Inc. productos afectivos que, como otros, llegan a ser conscientes. La diferencia procede, en su totalidad, de que las representaciones son cargas psíquicas y en el fondo cargas de huellas mientras que los afectos y los sentimientos corresponden a procesos de descarga cuyas últimas manifestaciones son percibidas como sentimientos. En el estado actual de nuestro conocimiento de los afectos y emociones no podemos expresar más claramente esta diferencia.


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