Lo siniestro
Lo siniestro c) Íntimo, familiar; que evoca bienestar, etc.; calma confortable y protección segura, como la casa confortable y abrigada (véase: Geheuer): «¿Aún te puedes sentir heimlich en tu país, cuando los extranjeros talan sus bosques?» (Alexis H., I, 1, 289). «Ella no se sentía muy heimlich junto a él» (Breantano Wehm. 92). «En un sendero sombreado y heimlich…, junto al arroyuelo murmurante», etc. (Foster, tomo I, 417). «Destruir la Heimlichkeit de la patria» (Gervinus, Lit. 5, 375). «No encontraría fácilmente un rinconcito tan heimlich» (G., 14, 14). «Nos sentíamos tan cómodos, tan tranquilos y confortables, tan heimlich» (15, 9). «En tranquila Heimlichkeit, en los estrechos límites del hogar» (Haller). «Una diligente ama de casa, que con poco sabe hacer una deliciosa Heimlichkeit» (Hartmann Unst., 1, 188). «Tanto más heimlich parecíale ahora el hombre, hasta hacía poco extraño» (Kerner, 540). «Los propietarios protestantes no se sentían… heimlich, entre sus súbditos católicos» (Kohl. Irl. l,172). «Cuando todo está heimlich y silencioso, oyé́ndose sólo la calma nocturna que rodea tu celda» (Tiedge 2, 39). «Silencioso, y amable y heimlich, como para reposar se anhelaría un lugar» (W. 11, 144). «No se sentía nada heimlich en ese trance» (27, 170, etc.). Además: «El lugar estaba tan calmo, tan solitario, tan heimlich y sombreado» (Scherr. Pilg. 1, 170): «Las olas avanzaban y se retiraban, soñadoras y heimlich, mecedoras» (Körner, Sch. 3, 320, etc.). Véase: unheimlich. En particular entre los autores suevos y suizos adopta con frecuencia tres sílabas: «Cuán heimelich se sentía Ivo a la noche, cuando estaba acostado en su casa» (Auerbach, D. 1, 249). «En esa casa me sentí tan heimelig» (4, 307). «La habitación tibia, la tarde heimelige» (Gotthelf, Sch. 127, 148). «He aquí algo que es muy heimelig, cuando el hombre siente en el fondo de su corazón cuán poca cosa es, cuán grande es el Señor» (147). «Poco a poco uno se encontró más cómodo y heimelig» (U. 1, 297). «La dulce Heimelich» (380, 2, 86). «Creo que en parte alguna me encontraré más heimelich que aquí». (327; Pestalozzi, 4, 240). «Quien acude de lejos… no podrá vivir muy heimelig (amistosamente, como vecino) con las gentes» (325). «La cabaña donde otrora se sentara, tan heimelig, tan alegre, entre los suyos» (Reithard, 20). «El cuerno del sereno suena tan heimelig desde la torre; su voz, tan hospitalaria, nos invita» (49). «Se duerme aquí tan tibiamente, tan maravillosamente heimelig (23, etc.). Esta acepción habría merecido generalizarse, para evitar que tan adecuada palabra cayera en desuso, por su fácil confusión con Heimlich.