Lo siniestro
Lo siniestro También hallamos fácilmente este carácter en otra serie de hechos: sólo el factor de la repetición involuntaria es el que nos hace parecer siniestro lo que en otras circunstancias serÃa inocente, imponiéndonos asà la idea de lo nefasto, de lo ineludible, donde en otro caso sólo habrÃamos hablado de «casualidad». AsÃ, por ejemplo, seguramente es una vivencia indiferente si en el guardarropas nos dan, al entregar nuestro sombrero, un número determinado —digamos, el 62— o si nos hallamos con que nuestro camarote del barco lleva ese número. Pero tal impresión cambia si ambos hechos, indiferentes en sÃ, se aproximan, al punto que el número 62 se encuentra varias veces en un mismo dÃa, o si aún llega a suceder que cuanto lleva un número —direcciones, cuartos de hotel, coches de ferrocarril, etc.— presenta siempre la misma cifra, por lo menos como elemento parcial. Se considera esto «siniestro», y quien no esté acorazado contra la superstición, será tentado a atribuir un sentido misterioso a este obstinado retorno del mismo número, viendo en él, por ejemplo, una alusión a la edad que no ha de sobrevivir. O si, en otro caso, comenzando justamente a estudiar las obras del gran fisiólogo H. Hering, se reciben, con pocos dÃas de intervalo y procedentes de distintos paÃses, cartas de dos personas que llevan ese mismo nombre, mientras que hasta entonces jamás se habÃa estado en relación con individuos asà llamados. Un inteligente investigador trató hace poco de reducir a ciertas leyes los hechos de esta clase, quitándoles asà inevitablemente todo carácter siniestro. No me atreverÃa a decidir si ha tenido éxito en su empresa.[14]