Los actos obsesivos y las prácticas religiosas
Los actos obsesivos y las prácticas religiosas Los actos ceremoniales y obsesivos nacen asÃ, en parte, como defensa contra la tentación, y en parte, como protección contra la desgracia esperada. Pronto los actos protectores no parecen ya suficientes contra la tentación, y entonces surgen las prohibiciones, encaminadas a alejar la situación en que la tentación se produce. Vemos, pues, que las prohibiciones constituyen a los actos obsesivos, del mismo modo que una fobia está destinada a evitar al sujeto un ataque histérico. Por otra parte, el ceremonial representa la suma de las condiciones bajo las cuales resulta permitido algo distinto, aún no prohibido en absoluto, del mismo modo que la ceremonia nupcial de la Iglesia significa para el creyente el permiso del placer sexual, considerado, si no, como pecado. Al carácter de la neurosis obsesiva, asà como al de todas las afecciones análogas, pertenece también el hecho de que sus manifestaciones (sus sÃntomas, y entre ellos, también los actos obsesivos) llenan las condiciones de una transacción entre los poderes anÃmicos en pugna. Traen asà consigo de nuevo algo de aquel mismo placer que están destinadas a evitar y sirven al instinto reprimido no menos que las instancias que lo reprimen. E incluso sucede que al progresar la enfermedad los actos primitivamente encargados de la defensa van acercándose cada vez más a los actos prohibidos, en los cuales el instinto pudo manifestarse lÃcitamente en la época infantil.