Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Bellevue, 16-8-95.
Pasé varios dÃas en Reichenau, y luego estuve indeciso durante algunos más; pero hoy puedo comunicarte mis planes con certeza.
Pienso viajar a Venecia con mi hermano menor[220] entre el 22 y el 24, de modo que, desgraciadamente…, no podré estar al mismo tiempo en Oberhof. Tuve que optar en uno o en otro sentido, y lo que finalmente me decidió fue la preocupación por ese joven que comparte conmigo la responsabilidad de dos personas ancianas y de tantas mujeres y niños…
Me ha ocurrido algo curioso con mi φψω[221]. Poco después de haber proclamado mi sensacional novedad, destinada a suscitar tus felicitaciones, me encontré ante nuevas dificultades. En efecto, superadas las primeras cuestas, mi aliento no alcanzó para llegar a la cumbre, de modo que me resolvà sin vacilar: eché todo el «abecedario» a un lado, y trato ahora de persuadirme de que no me interesa para nada, al punto de que hasta me resulta incómoda la idea de que habrÃa de contarte algo al respecto. Si tuviera la oportunidad de verte todos los meses, estoy seguro de que no lo harÃa en septiembre próximo. AsÃ, cuanto más me interrogues, tanto más te dejaré hablar a ti. En lo que se refiere a mis novedades neuróticas[222], en cambio, no pienso tener la menor reticencia.
