Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Bellevue, 23-9-95.
La única razón que me hace escribirte tan poco es que estoy escribiendo tanto para ti. Todavía en el tren comencé una breve síntesis de la φψω, destinada a que tú la critiques, y ahora la continúo en mis horas libres y en los entreactos de mi práctica profesional, que poco a poco va en aumento[223]. Ya tengo escrito un volumen considerable —puros garabatos, por supuesto—; pero creo que será una buena base para tus adiciones y comentarios, en los que pongo todas mis esperanzas. Mi mente reposada resuelve ahora con la mayor facilidad, como si fuera un juego de niños, todas las dificultades que de antes quedaron acumuladas; por ejemplo, la contradicción de que las acciones restablezcan su resistencia[224], mientras que en general las neuronas están sometidas a la facilitación [Bahnung = canalización. T.]. Todo esto concuerda ahora perfectamente si se tiene en cuenta la reducida magnitud de los estímulos endógenos. También otros puntos se adaptan ahora, para mi mayor satisfacción, a la totalidad del tema. Naturalmente, queda aún por verse qué parte de este progreso volverá a esfumarse ante una inspección más detenida. En todo caso, tú me has dado el poderoso impulso necesario para poder tomar en serio todo este asunto.
