Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 6-2-96.
¡Qué intervalo increíble en nuestra correspondencia! Yo te sabía demasiado ocupado con Robert Wilhelm como para acordarte de la nariz y del sexo, y espero que él te lo haya retribuido desarrollándose a todo vapor. En cuanto a mí, estuve dándole al trabajo, presa de uno de mis ataques de poligrafía consuetudinaria, que aproveché para terminar los tres breves artículos destinados a Mendel y una comunicación de carácter general para la Revue Neurologique. Ayer lo despaché todo, y como nadie lo hace por mí, yo me aplaudo solo, resuelvo descansar sobre estos laureles que yo mismo me concedí y comienzo por escribirte sin más tardanza[272].
Te hago gracia del manuscrito de mi «composición escolar», ya que coincide en parte con el Cuento de Navidad que ya te enjareté[273]. Lamento enormemente que el goce de estas últimas novedades (la verdadera etiología de la histeria, la naturaleza de la neurosis obsesiva, la comprensión de la paranoia) te haya sido malogrado por mi forma de presentarlas, pero espero que en nuestro congreso privado del verano próximo todo te será expuesto con claridad mucho mayor. Del 4 al 7 de agosto estaré en Múnich para el Congreso de Psicología. ¿Podrás concederme esos días? No he contraído absolutamente ningún compromiso oficial.
