Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Estoy un tanto abatido, y sólo puedo decirte que aguardo nuestro congreso como el sediento espera el trago de agua. Únicamente llevaré conmigo un par de oídos atentos y un lóbulo temporal bien aguzado para la captación. Espero oír cosas importantes también para mis propios propósitos: me permito ser tan egoísta. En la teoría de la represión me he topado con algunas dudas que bien podrían ser disipadas mediante una sola palabra tuya, como aquella acerca de la menstruación masculina y femenina en un mismo individuo. Angustia, quimismo y cuestiones semejantes: ¡quizá seas tú quien me provea el firme basamento necesario para dejar de explicarlo todo psicológicamente y para dedicarme a fundarlo fisiológicamente!
En realidad estuve bastante inactivo; ese trabajo, tan carente de interés sobre las parálisis infantiles consumió todo mi tiempo. Sin embargo, no pude dejar de especular sobre algunas cosas ni de comprobar otras: así, uno o dos hechos de gran valor sobre el sonambulismo. ¡Ojalá pudiera estar ya junto a ti para contártelo todo!
Los míos están pasando las vacaciones en un paraíso situado sobre el Aussee (Obertressen), y se encuentran felices; acabo de volver de allí. Todavía espero conocer a [tu hijo] R. W. en este año de 1896. Entre tanto, afectuosos saludos a su mamá y a ti, y no te olvides de escribirme pronto…