Los origenes del psicoanalisis

Los origenes del psicoanalisis

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Como podrás deducir de los escritos adjuntos, mis conquistas se consolidan. Ante todo, alcancé una noción segura acerca de la estructura de una histeria. Todo se reduce a la reproducción de escenas, algunas de las cuales pueden ser alcanzadas directamente, mientras que a las otras sólo se llega a través de fantasías interpuestas. Las fantasías proceden de cosas oídas, pero sólo más tarde comprendidas, y todo su material es, por supuesto, genuino. Son construcciones defensivas, sublimaciones y embellecimientos de los hechos, sirviendo simultáneamente al propósito de la autoexoneración. Quizá puedan derivarse accidentalmente de las fantasías masturbatorias. Una segunda noción importante me induce a suponer que las estructuras psíquicas que en la histeria son objeto de la represión no son, en realidad, los recuerdos —pues nadie se entrega sin motivo a la actividad de la memoria—, sino impulsos derivados de las escenas primarias. Ahora advierto, abarcándolas panorámicamente, que las tres neurosis —histeria, neurosis obsesiva y paranoia— comparten idénticos elementos (además de la misma etiología), o sea, recuerdos fragmentarios, impulsos (derivados de los recuerdos) y ficciones defensivas. La irrupción a la consciencia, en cambio, el establecimiento de la transacción, es decir, la formación del síntoma, tiene distinta localización en cada una de ellas. En la histeria son los recuerdos; en la neurosis obsesiva, los impulsos perversos, y en la paranoia, las ficciones defensivas (fantasías), los que irrumpen a la superficie normal bajo el aspecto de deformaciones transaccionales.


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