Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 2-5-91.
Querido amigo:
Me siento realmente orgulloso de tener semejante crítico y de haber obtenido tal crítica. Me imagino que el entusiasmo de la reseña ha contribuido no poco al éxito de mi trabajo[123]. Dentro de unas pocas semanas espero poder enviarle un estudio mío sobre la afasia, al que he dedicado mis mejores esfuerzos[124]. En él me he mostrado muy descarado, cruzando lanzas con su amigo Wernicke, así como con Lichtheim y Grashey, y hasta he llegado a arañar al alto y poderoso ídolo Meynert[125]. Tengo mucha curiosidad por saber qué pensará usted de mi trabajo. La privilegiada índole de sus relaciones con el autor será motivo de que parte de su contenido no sea ninguna novedad para usted, pero, en todo caso, el estudio es más bien sugerente que concluyente.
¿A qué otras cosas está usted dedicado, además de reseñar mis trabajos? En mi caso, esa «otra cosa» es un segundo varón, Oliver, que ahora cuenta tres meses.
¿Llegaremos a vernos este año?
