Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Aussee, 14-8-97.
Tengo que seguir recordándome sin cesar a mà mismo que con mi cancelación de ayer cometà una buena acción, pues de lo contrario lo lamentarÃa demasiado. Creo, sin embargo, haber estado en lo cierto…
Nada has perdido esta vez con lo que yo habrÃa podido contarte. Todo fermenta en mÃ, pero nada está acabado; me siento muy contento con la psicologÃa, torturado por graves dudas acerca de las neurosis, muy perezoso en el pensar, y desde que me encuentro aquà no he conseguido dominar la turbulencia de mi mente y de mis sentimientos. Supongo que únicamente Italia podrÃa remediarlo.
Después de haber pasado aquà unos dÃas muy alegres, estoy gozando ahora del peor de los humores. El principal paciente que me ocupa soy yo mismo. Mi pequeña histeria, que se habÃa intensificado mucho por el trabajo, ha vuelto a ceder un poco más, pero otras cosas todavÃa se mantienen firmes. De ello depende en primer término mi estado de ánimo. Este análisis es más difÃcil que ningún otro y es también el que me priva de la energÃa psÃquica necesaria para anotar y comunicar cuanto he aprendido hasta ahora. Sin embargo, creo que debo proseguirlo y que será una etapa inevitable de mi labor.
