Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 27-10-97.
ParecerÃa que yo no fuese capaz de «esperar» tu respuesta. La explicación de tu silencio seguramente no será la de que algún poder elemental te ha arrojado de vuelta a los tiempos en que leer y escribir eran un tormento, como me ocurrió a mà el domingo pasado cuando me propuse celebrar tu poco menos que cuadragésimo aniversario; como quiera que sea, espero una explicación no menos inocente. En cuanto a mÃ, nada tengo que contarte que no se refiera a mi análisis; pero supongo que esto será lo que más te interesa de mÃ. El negocio marcha desesperadamente mal, lo que, por otra parte, les ocurre a todos, hasta a las más altas eminencias de la profesión, de modo que estoy viviendo sólo para el trabajo «interno». Éste se ha apoderado de mà y me arrastra en vertiginosa sucesión de pensamientos a través de todo mi pasado; los estados de ánimo cambian rápidamente, como el paisaje ante la ventanilla de un tren, y como lo ha dicho el gran poeta, empleando su privilegio de ennoblecer (sublimar) las cosas:
Y surgen asà siluetas amadas;
tal que una antigua y ya medio borrada leyenda,
vienen a mà el primer amor y la primera amistad[414].
