Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis A propósito, me da horror pensar en toda la psicología que en el curso de los años próximos tendré que ir a sacar de los libros. Por el momento no puedo leer ni pensar: la observación me absorbe por completo. Mi autoanálisis se encuentra detenido una vez más, o, mejor dicho, se arrastra lentamente, sin que yo atine a comprender nada de lo que pasa. En los demás análisis sigue ayudándome a progresar mi última idea sobre la resistencia. No hace mucho tuve ocasión de remozar una vieja ocurrencia, ya publicada alguna vez, acerca de la elección de neurosis: me refiero a que la histeria está vinculada con pasividad sexual, y la neurosis obsesiva, con actividad sexual. Todo lo demás marcha lenta, muy lentamente. Como no puedo hacer otra cosa sino analizar y como no estoy plenamente ocupado, me aburro por las noches. A mis clases concurren once alumnos, que se están ahí sentados, esgrimiendo papel y lápiz, y maldita la cosa que llegan a aprender conmigo. Yo juego ante ellos al investigador científico especializado en neuropatología, y comento a Beard; pero no pongo el menor interés en el asunto[418].
Nada me has escrito acerca de mi interpretación del Edipo rey y de Hamlet. Como no se lo he contado a nadie más, porque me imagino fácilmente la hostil recepción que tendrá ese asunto, quisiera oír algún breve comentario tuyo al respecto. El año pasado has rechazado con excelentes razones una buena parte de mis ideas.