Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 22-12-97.
He recuperado mi buen humor y estoy de lo más impaciente por encontrarme contigo en Breslau; es decir, por verte y por oÃr todas esas maravillosas novedades que habrás de contarme sobre la vida y sobre su dependencia del cosmos. Siempre tuve curiosidad por todo eso; pero a nadie encontré hasta ahora que supiese darme respuesta. Si existen ahora dos personas, una de las cuales puede decir qué es la vida y la otra (casi) puede decir qué es el alma, nada más justo que se encuentren y se hablen con la mayor frecuencia. Me apresuro a descargarme ahora de unas cuantas novedades para no tener tanto que contar y para poder escucharte tanto más tranquilamente.
Se me ha ocurrido que la masturbación es el primero y único de los grandes hábitos, la «protomanÃa», y que todas las demás adiciones, como la del alcohol, la morfina, el tabaco, etc., sólo aparecen en la vida como sustitutos y reemplazantes de aquélla[437]. La importancia que esta adición tiene en la histeria es realmente prodigiosa, y quizá radique aquà —en parte o totalmente— mi magno obstáculo, aún desconocido. Al decir esto surge naturalmente la duda de si tal adición es curable o si el análisis y la terapia deben detenerse aquÃ, conformándose con convertir la histeria en una neurastenia.
