Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 1-5-98.
… Te adjunto el capítulo III de los sueños. Creo que te resultará un tanto indigesto, pero estoy tan envuelto en sueños que me tienen idiotizado. Acabo de escribir la parte de psicología, en la que había quedado atascado, pero no me gusta en absoluto y creo que no la dejaré así. El capítulo que ahora tienes en las manos está aún muy crudo estilísticamente, y en partes está mal escrito; es decir, el asunto está presentado sin vida. Será preciso destacar mucho más los pasajes que he dejado en él acerca de los estímulos somáticos del sueño. Espero, naturalmente, que me hables duro y fuerte al respecto cuando volvamos a encontrarnos. Creo que las conclusiones son correctas.
Quisiera sentir actuar sobre mí algún estímulo poderoso, pues, como hace poco oí decir a alguien de sí mismo, soy como una máquina construida para funcionar a diez atmósferas de presión, que ya con dos atmósferas se recalienta. Este año apenas llegué a sentir cansancio alguno, mientras que otras veces ya estaba sediento de reposo a esta altura del año. No tengo mucho entre manos, y lo poco que tengo me tortura mucho menos.
Nunca pude dirigir mi trabajo intelectual, de modo que mis ocios se pierden inútilmente…
Te saludo de todo corazón y espero recibir varias noticias tuyas todavía antes de Pentecostés.
