Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 7-7-98.
Aquà está[474]. Me resultó muy difÃcil resolverme a entregarte esas hojas. Nuestra intimidad personal no habrÃa bastado para decidirme, pero nuestra mutua sinceridad intelectual me lo exigÃa. Todo esto fue anotado tal como el inconsciente me lo dictó, ajustándome a la famosa regla de Itzig, el jinete dominguero: «Itzig, ¿hacia dónde cabalgas?» «¡Qué sé yo; pregúntaselo al caballo!». Al comenzar cada párrafo no tenÃa la menor idea de dónde irÃa a parar. Desde luego que no está escrito para ojos de lectores; ya en la segunda página renuncié a todo intento de guardar el estilo. A pesar de todo eso creo, naturalmente en los resultados, pero todavÃa ni siquiera sospecho de qué manera se ajustará finalmente el contenido.
Estoy viviendo ahora en confortable pereza y comienzo a cosechar algunos de los frutos de mi larga familiaridad con las histerias. Todo se me torna fácil y transparente. El domingo y el lunes me llamaron a una consulta en la que tuve una visión a distancia de los campos de batalla de Königgrätz[475]. No creo que pueda irme a Aussee; los mÃos están pasando por fin una buena temporada allÃ. Excepcionalmente no tengo ahora ninguna clase de dolores, pero lo malo es que cuando me siento bien no tengo la menor gana de trabajar.
