Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Aussee, 31-8-98.
Hoy al mediodÃa parto con Martha hacia el Adriático; en el camino nos decidiremos por Ragusa, Grado o algún otro lugar. Una máxima excéntrica en apariencia, pero sabia en el fondo, dice: «Si quieres llegar a rico, vende tu última camisa». El secreto de este desosiego mÃo es la histeria. La inactividad en que aquà me encuentro y la falta de toda novedad fascinante han hecho pesar abrumadoramente todo este asunto sobre mi espÃritu. Mi trabajo se me antoja ahora muy desvalorizado; mi desorientación es completa; el tiempo —otro año entero ha pasado sin ningún adelanto apreciable en los principios básicos del problema— me parece inconmensurable con las demandas que el problema plantea. Para colmo de males, trátase precisamente de aquella labor en cuyo éxito habÃa basado mi existencia burguesa. Es cierto que cuento con buenos resultados, pero quizá sean sólo indirectos, como si hubiese aplicado la palanca en un ángulo que corresponde, es cierto, a una componente eficaz del plano de clivaje de ese material, pero el plano mismo permanecerÃa desconocido para mÃ. AsÃ, me propongo huir de mà mismo para juntar toda la energÃa y la objetividad posibles, ya que no puedo librarme de ese trabajo.
