Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Así, el sueño quedará concluido después de todo… ¡Qué desgracia que los dioses hayan puesto delante de todo tema su respectiva bibliografía para espanto de cuantos se le acerquen! La primera vez que lo abordé quedé atascado en ella; pero esta vez me abriré paso de cualquier manera; de todos modos, nada hay en ella que merezca la pena. Ninguna de mis obras anteriores ha sido tan autóctonamente mía como ésta: es mi propio almácigo con mi propio abono, mi propia semilla y encima hasta una nova species mihi (sic!). Después de las lecturas vendrán las tachaduras, los agregados, etc., ¡y con todo eso quisiera que el conjunto estuviese listo para la imprenta hacia fines de julio, cuando me vaya al campo! Quizá haga una prueba con otro editor si Deuticke no se resuelve a pagarlo bien o si advierto que no está muy entusiasmado por publicarlo.
Los diez análisis se han hecho esperar: ¡ahora tengo dos y medio! Cuatro anuncios no se materializaron, y también en lo demás cunde un silencio mortal. Pero no me importa en lo mínimo. En el último tiempo mi técnica ya había llegado a perfeccionarse mucho.
Los varones padecieron unas leves anginas después de dos días de fiebre; Ernst sigue sufriendo bastante por su pretendida dilatación de estómago: lo haremos ver por Kassowitz. El viernes todos se van a Berchtesgaden; es decir, Minna con todos los chicos, salvo Mathilde.