Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 16-4-1900.
Que esta carta sea el anunciado saludo del paÃs del sol: una vez más, en efecto, me he visto impedido de ir…
E. concluyó por fin su carrera como paciente mÃo con una invitación a cenar en casa. Su enigma está casi totalmente resuelto; se siente perfectamente bien, y su carácter está cambiado por completo, mientras que de los sÃntomas subsiste todavÃa un pequeño resto. Comienzo a comprender que la aparente interminabilidad del tratamiento es un rasgo inherente al mismo y vinculado con la transferencia[550]. Espero que esas manifestaciones residuales no menoscaben el éxito práctico. Sólo de mà dependÃa continuar aún el tratamiento; pero intuà que ello significarÃa una transacción entre la salud y la enfermedad, una transacción que los propios enfermos desean y que el médico no debe favorecer ni aceptar. La conclusión asintótica[551] del tratamiento, aunque en el fondo me resulta indiferente, es, con todo, una defraudación más para los que lo ven desde fuera. En todo caso, mantendré un ojo vigilante sobre este hombre. Dado que ha tenido que participar en todos mis errores técnicos y teóricos, creo que un próximo caso podrÃa ser resuelto en la mitad del tiempo. Quiera Dios mandármelo pronto…
Por momentos siento agitarse en mà impulsos hacia una sÃntesis; pero me cuido de mantenerlos dominados.
