Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 20-5-1900.
… Ahora comienza la estación muerta, a la que tanto temo, es decir, en la que siento miedo de mà mismo. Ayer despedà a la cuarta paciente en los términos más cordiales y en el mejor de los estados, con La isla de los muertos[555], de Böcklin, como regalo de despedida. Este caso me ha deparado las mayores satisfacciones, y posiblemente haya quedado concluido. AsÃ, las cosas han ido bien este año: por fin lo conseguÃ. Pero ¿qué haré ahora? Tengo todavÃa tres pacientes y medio, es decir, tres sesiones y media por dÃa: alimento insignificante para una ballena. ¡Ay de mÃ, si me aburro! Toda clase de cosas podrÃan ocurrirme. No puedo trabajar; estoy saturado de pereza, y la clase de labor a la que me dediqué desde octubre hasta ahora es la más desemejante y la más desfavorable para la redacción. Ni siquiera comencé todavÃa el folletito sobre los sueños para Löwenfeld[556], ni tengo paciencia en mis aficiones; oscilo entre ajedrez, la historia del arte y la prehistoria; pero no hago nada con constancia. Me agradarÃa desaparecer por algunas semanas, escondiéndome en cualquier parte donde no exista la ciencia… Aparte, por supuesto, del congreso contigo. ¡Si sólo tuviera dinero o un compañero de viaje para Italia!…
