Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 15-2-1901.
No: ¡si yo tampoco he de ir a Roma para las Pascuas! Sólo tu comentario ha venido a aclararme el sentido de una interpolación en mi última carta, que de otro modo habrÃa quedado incomprendida aun por mà mismo. Era, sin duda, una invocación a la promesa que tú me hiciste cierta vez, en tiempos mejores, de celebrar conmigo un congreso en tierra clásica. Bien sabÃa yo que tal referencia serÃa, precisamente ahora, harto inoportuna. Sólo traté de escapar del presente a la más hermosa de mis fantasÃas de entonces, y me percataba perfectamente de cuál era esa fantasÃa. Entre tanto, hasta los congresos se han convertido en reliquias del pasado; yo mismo no hago nada de nuevo y, como tú me escribes, me he alejado por completo de lo que tú haces.
Sólo me resta alegrarme desde la lejanÃa, cuando me anuncias la inminente exposición de tus grandes soluciones y cuando te declaras tan satisfecho con el progreso del trabajo. En tal caso tienes evidente razón en posponer toda referencia a las relaciones nasales, en favor de esa exposición global.
