Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 2-11-01.
Tienes, por cierto, pleno derecho de enterarte de tanto en tanto acerca del estado de tu paciente y, por mi parte, estoy tanto más dispuesto a cumplir contigo cuanto que me falta todo ánimo para escribirte de otras cosas.
Me has elegido realmente un caso predestinado para esta clase de tratamiento. Sólo puedo decirte que hasta ahora marcha extremadamente bien, en parte quizá porque me resulta tan fácil tomar interés por un carácter como el de ella. Ya te daré personalmente mayores detalles, una vez que pueda violar un tanto la discreción. Como quiera que sea, todo vuelve a ajustarse una vez más —por lo menos desde mi nuevo punto de vista— y el instrumento responde dócilmente a los dedos que lo pulsan. No es que no haga más de un intento de complicarme la vida: ya los hubo, y seguramente habrá más. Mi carta malhumorada, a la que respondiste dándome los informes correctos, fue el resultado de un engaño en el que me precipitó, erigiendo ante mà montañas de dificultades. Creo que no volverá a confundirme con tanta facilidad, o por lo menos ésa es mi intención. En todo caso, es una persona interesante y valiosa.
Me alegro de poder informarte de todo esto y te saludo afectuosamente…
