Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 7-2-94.
Estoy actualmente tan acosado por el trabajo, que me apresuro a responder inmediatamente a tu carta, pues de lo contrario me temo que quedaría incontestada durante mucho tiempo. Tu aceptación de mi teoría de las ideas obsesivas me conforta realmente, pues en el curso de un trabajo como éste es cuando más extraño tu compañía[162]. Cuando vengas a Viena en la primavera tendrás que arrancarte durante algunas horas del seno de tu familia para dedicarlas a discutir conmigo. Tengo otra cosa en la mente que sólo comienza a germinar: habrás advertido que mi último trabajo[163] trata de la transformación y la trasposición del afecto, pero además existe el trueque de afectos. Por ahora, empero, no revelaré nada más de este asunto. [Véase más adelante la carta núm. 18].
Tienes razón: la relación de la neurosis obsesiva con la sexualidad no siempre es tan evidente y manifiesta. Puedo asegurarte que en mi caso II (micción compulsiva) no fue fácil hallarla; quien no la hubiese buscado tan «monoideísticamente» como yo lo hice, nunca habría dado con ella. ¡Y en este caso, que he podido estudiar a fondo durante varios meses de «cura de engorde», la sexualidad domina simplemente toda la escena! Tu caso de la divorciada hastiada sugiere que un análisis detenido arrojaría idéntico resultado.
