Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 19-4-94.
Con tu amable carta has puesto fin a mi reserva y a mi discreción, de modo que me siento con derecho a escribirte en primer término acerca de mi salud; los asuntos cientÃficos y los personales seguirán después.
Como todo ser humano necesita de alguien que le sugiera las cosas, a fin de descansar de su propia crÃtica, te diré que desde entonces (hace ahora tres semanas) realmente no he tenido nada caliente entre los labios[165], que ya puedo ver fumar a los demás sin envidiarlos y que hasta he vuelto a concebir la vida y el trabajo sin la ayuda del tabaco. Sólo acabo de llegar a este punto, y te aseguro que las torturas de la abstinencia fueron inesperadamente violentas; pero supongo que eso es muy comprensible.
