Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Para el médico que se afana durante todas las horas del día por captar el sentido de las neurosis es torturante no poder decidir si la depresión que sufre es lógica [sic. T.] o hipocondríaca. En tal situación es preciso socorrerle. Así, anoche me resolví a consultar a X[166], declarándole que mis síntomas cardíacos no serían, a mi juicio, compatibles con una intoxicación nicotínica, sino que yo debería tener una miocarditis crónica con intolerancia al tabaco. Además recuerdo muy bien que la arritmia apareció, más o menos repentinamente, en 1889, después de mi ataque de influenza. Tuve la satisfacción de oírle decir que podría ser así como así, y que sería mejor que me sometiera a un examen clínico. Prometí hacerlo; pero sé perfectamente que, por lo general, no se encuentra absolutamente nada. No sé en qué medida es posible diferenciar ambas condiciones; pero pienso que debería poder hacerse sobre la base de los síntomas subjetivos y de la evolución, y que ustedes, los clínicos, sabrían cómo interpretarlos. Esta vez desconfío de ti en particular, pues este trastorno cardíaco mío representa la primera ocasión en la cual te he oído contradecirte. La vez pasada me explicaste que sería nasal, y me dijiste que faltaban los signos percutorios del corazón nicotínico; ahora te muestras muy preocupado por mí y me prohibes fumar. Sólo atino a explicármelo pensando que querrías ocultarme el verdadero estado de cosas, pero te ruego que no lo sigas haciendo. Si puedes decirme algo definido, por favor, hazlo. No tengo una opinión exagerada de mis responsabilidades ni de mi indispensabilidad, de modo que sabré soportar con la mayor entereza la incertidumbre y la perspectiva de una vida abreviada que entraña el diagnóstico de miocarditis, más aún: conocerlo de antemano quizá sea beneficioso para el planteamiento de mi restante existencia y para permitirme gozar más plenamente lo que todavía me queda por vivir.