Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis 22-6-94.
Tu carta, que acabo de leer, me recuerda una deuda que de todos modos me proponÃa saldar muy en breve. Hoy he abandonado mi casi desierto consultorio para dedicarme a componer algo, pero en su lugar te escribiré una larga carta sobre «teorÃa y vida».
Tu opinión de que el asunto de la angustia todavÃa no está a punto me viene de perilla, pues es el eco de la mÃa; asÃ, en efecto, nadie, fuera de ti, ha visto aún ese trabajo, que me propongo dejar reposar hasta que se aclare. TodavÃa no he podido adelantar nada, de modo que aguardaré hasta que vuelva a hacérseme la luz. Bien quisiera darte una información anticipada sobre la justificación de separar la neurosis de angustia de la neurastenia, pero ello significarÃa entrar en la teorÃa y la etiologÃa, de modo que prefiero abstenerme. He seguido elaborando la teorÃa de la conversión y explicando asimismo su relación con la autosugestión, pero tampoco esto se halla todavÃa terminado, de modo que lo dejaré estar igualmente. La obra que preparo con Breuer contendrá cinco historias clÃnicas y un capÃtulo redactado por él, del cual yo me he excluido por completo, que expone las teorÃas de la histeria con criterio sintético y crÃtico; por fin, un trabajo mÃo, no comenzado aún, sobre la terapia[180].
