Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Aquí vivimos en un país católico bajo la protección de esa Iglesia, sin saber cuánto durará. Pero mientras persista es natural que vacilemos en hacer algo que haya de despertar su hostilidad. No es cobardía, sino precaución; el nuevo enemigo, a cuyo servicio queremos evitar estar, es más peligroso que el antiguo, con el cual ya habíamos aprendido a convivir. La investigación psicoanalítica que nosotros cultivamos es de todos modos objeto de desconfiada atención por parte del catolicismo. No afirmaremos que con injusticia. Si nuestro trabajo nos lleva a un resultado que reduce la religión a una neurosis de la humanidad y explica su grandioso poder del mismo modo que la compulsión neurótica en algunos de nuestros pacientes, estamos seguros de atraer sobre nosotros el más enconado resentimiento de los poderes que nos rigen. No es que tengamos algo nuevo que decir que no expresáramos con toda claridad hace ya un cuarto de siglo, pero desde entonces eso se ha olvidado, y no puede dejar de tener efectos que hoy en día lo repitamos y lo ilustremos en un ejemplo válido para todas las fundaciones de religiones. Esto llevaría probablemente a que se nos prohibiera el ejercicio del psicoanálisis. En efecto, esos métodos violentos de opresión no son en modo alguno extraños a la Iglesia: más bien esta siente como una intrusión en sus privilegios cuando también otros los aplican. Pero el psicoanálisis, que en el curso de mi larga vida se ha difundido por doquier, aún no ha encontrado ningún hogar más preciado para él que la ciudad donde nació y creció.