Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta El trasfondo histórico de los acontecimientos que han cautivado nuestro interés es, por tanto, el siguiente: como consecuencia de las conquistas de la Dinastía XVIII, Egipto se ha convertido en un imperio mundial. El nuevo imperialismo se refleja en el desarrollo de las representaciones religiosas, si no de todo el pueblo, sí de su estamento dominante y espiritualmente activo. Bajo la influencia de los sacerdotes del dios solar en On (Heliópolis), reforzada quizá por impulsos procedentes de Asia, surge la idea de un dios universal, Atón, ya no restringido a un país y a un pueblo. Con el joven Amenhotep IV llega al trono un faraón que no conoce un interés superior al desarrollo de esta idea de dios. Eleva la religión de Atón a religión de Estado, gracias a él el dios universal se convierte en el Dios Único; todo lo que se cuenta de otros dioses es engaño y mentira. Con grandiosa implacabilidad resiste a todas las tentaciones del pensamiento mágico, rechaza la ilusión, tan cara particularmente al egipcio, de una vida tras la muerte. En una asombrosa premonición de conocimientos científicos ulteriores, reconoce en la energía de las radiaciones solares la fuente de toda vida sobre la tierra y la venera como el símbolo del poder de su dios. Se gloria de su regocijo por la creación y por su vida en Maat (verdad y justicia).