Moisés y la religión monoteÃsta
Moisés y la religión monoteÃsta Las épocas muy remotas tienen un gran atractivo, con frecuencia enigmático, para la fantasÃa de los hombres. Cada vez que estos están insatisfechos con su presente –y lo están bastante a menudo–, se vuelven hacia el pasado con la esperanza de ver allà realizado el inextinguible sueño de la edad de oro. Probablemente sigan estando todavÃa bajo el hechizo de su infancia, que una memoria no imparcial les refleja como una época de bienaventuranza imperturbada. Cuando del pasado solo quedan los incompletos y desvaÃdos recuerdos que llamamos tradición, para el artista eso es un acicate especial, pues entonces queda libre para rellenar las lagunas de la memoria según los antojos de su fantasÃa y configurar conforme a sus propósitos la imagen de la época que quiere reproducir. Casi podrÃa decirse que cuanto más indeterminada se ha vuelto la tradición, tanto más útil es para el poeta. No necesitamos asombrarnos por tanto de la importancia de la tradición para la poesÃa, y la analogÃa con el condicionamiento de la epopeya nos hará más propicios a la extraña hipótesis de que entre los judÃos fue la tradición de Moisés la que transformó el culto de Yahvé en el sentido de la antigua religión mosaica. Pero en lo restante ambos casos aún son demasiado diferentes. Allà el resultado es un poema, aquà una religión, y para esta última hemos aceptado que, bajo el impulso de la tradición, fue reproducida con una fidelidad que, naturalmente, no tiene parangón en el caso de la epopeya. De nuestro problema aún queda, pues, bastante como para justificar la necesidad de analogÃas más certeras.