Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Pero en este contexto destacan dos puntos. El primero es que la génesis de la neurosis se remonta siempre y en todos los casos a impresiones infantiles muy tempranas. En segundo lugar, es cierto que hay casos que se señalan como «traumáticos», pues los efectos se remontan inequívocamente a una o varias impresiones fuertes de esa temprana época que se han sustraído a una tramitación normal, de modo que se podría juzgar que si estas no hubiesen ocurrido, tampoco se habría producido la neurosis. Ahora bien, para nuestros propósitos bastaría con que la analogía buscada hubiéramos de limitarla a estos casos traumáticos. El abismo entre ambos grupos no parece insalvable. Es sin duda muy posible reunir ambas condiciones etiológicas en una sola concepción; lo único que importa es qué se defina como traumático. Si se puede aceptar que la vivencia solo cobra el carácter traumático como consecuencia de un factor cuantitativo, que en todos los casos la culpa reside por consiguiente en un exceso de exigencia cuando la vivencia provoca reacciones insólitas, patológicas, entonces puede fácilmente llegarse a la conclusión de que en una constitución actúa como trauma algo que en otra no tendría tal efecto. Resulta entonces la noción de una llamada serie complementaria flexible, en la que dos factores convergen para completar la etiología, el defecto de uno se compensa por el exceso del otro, en general se produce una acción conjunta de ambos y solo en ambos extremos de la serie puede hablarse de una motivación simple. Tras esta ponderación, la diferenciación entre etiología traumática y no traumática se puede desechar como no esencial para la analogía buscada por nosotros.