Moisés y la religión monoteÃsta
Moisés y la religión monoteÃsta Estos tres puntos –ocurrencia precoz dentro de los primeros cinco años, olvido, contenido sexual-agresivo– están estrechamente interconectados. Los traumas son vivencias en el propio cuerpo o percepciones sensoriales, en su mayorÃa de lo visto u oÃdo, esto es, vivencias o impresiones. La relación entre esos tres puntos la establece una teorÃa, un resultado del trabajo analÃtico, que es el único que puede proveer un conocimiento de las vivencias olvidadas; más vÃvida pero menos correctamente expresado, devolverlas al recuerdo. La teorÃa sostiene que, en oposición a la opinión popular, la vida sexual del hombre –o lo que le corresponde en una época posterior– muestra un florecimiento precoz que concluye digamos a los 5 años, al cual sigue el llamado periodo de latencia –hasta la pubertad–, en el cual no se produce ningún progreso de la sexualidad; es más, lo alcanzado sufre una retrogresión. Esta doctrina la confirma el estudio anatómico del crecimiento de los genitales internos; lleva a la conjetura de que el hombre desciende de una especie animal que alcanzaba la madurez sexual a los 5 años, y despierta la sospecha de que el aplazamiento y el comienzo en dos tiempos de la vida sexual están en la más Ãntima conexión con la historia de la hominización. El hombre parece ser el único animal con semejantes latencia y retardo sexual. Para probar esta teorÃa serÃan indispensables investigaciones, hasta donde yo sé inexistentes, en primates. Psicológicamente no puede ser indiferente que el periodo de la amnesia infantil coincida con este brote precoz de la sexualidad. Quizá este estado de cosas aporte la condición real para la posibilidad de la neurosis, que en cierto sentido es un privilegio humano y, desde este punto de vista, aparece un vestigio (survival) de la protohistoria lo mismo que ciertos componentes de la anatomÃa de nuestro cuerpo.