Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Todo esto puede parecer muy lejos de ser simple, pero cuando uno se ha familiarizado con la insólita concepción espacial del aparato anímico, no puede deparar dificultades especiales para la representación. Añado además la observación de que la topografía psíquica aquí desarrollada nada tiene que ver con la anatomía cerebral: propiamente hablando, solo toca a esta en un punto. Lo insatisfactorio de esta representación, que yo percibo tan nítidamente como cualquier otro, deriva de nuestra completa ignorancia sobre la naturaleza dinámica de los procesos anímicos. Nos decimos que lo que diferencia una representación consciente de una preconsciente, esta de una inconsciente, no puede ser sino una modificación, quizá incluso otra distribución de la energía psíquica. Hablamos de investiduras y sobreinvestiduras, pero más allá de eso no disponemos de ningún conocimiento ni aun de un asidero cualquiera para una hipótesis de trabajo útil. Sobre el fenómeno de la consciencia aún podemos indicar que originalmente depende de la percepción. Todas las sensaciones nacidas de la percepción de estímulos dolorosos, táctiles, auditivos o visuales son muy probablemente conscientes. Los procesos cogitativos y lo que en el ello pueda serles análogo son en sí inconscientes, y logran acceso a la consciencia gracias a la vinculación con restos mnémicos de percepciones visuales o auditivas por vía de la función del lenguaje. En el animal, que carece del lenguaje, estas relaciones han de ser más simples.